La comunión con Cristo se basa en el amor, la confianza y la obediencia.
Los destinatarios de 1 Pedro, al igual que nosotros, nunca habían visto a Cristo, pero aun así disfrutaban de la comunión con Él. Y su comunión era genuina porque estaba marcada por el amor, la confianza y la obediencia.
El amor del que habla Pedro en 1 Pedro 1:8 no es un sentimentalismo superficial. Es el amor de la voluntad, el amor por elección. Sus lectores habían elegido amar a Cristo a pesar de no haberlo visto jamás. Tal amor se caracteriza por la obediencia, como afirma Jesús en Juan 14: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos… El que no me ama, no guarda mis palabras» (vv. 15, 24). Tener comunión con Cristo es amarlo y obedecerlo.
Otro elemento de la comunión es la confianza. Tras escuchar relatos sobre la resurrección de Cristo, el discípulo Tomás declaró que solo confiaría en Jesús después de verlo y tocarlo. Jesús accedió a su petición, diciendo: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente» (Juan 20:27). Pero luego Jesús dijo: «¿Conque me has visto, has creído? Bienaventurados los que no vieron y creyeron» (v. 29). Nosotros, como cristianos, estamos entre los que creen en Cristo sin haberlo visto.
El resultado de amar y confiar en Cristo es un gozo inefable y glorioso (1 Pedro 1:8). Este gozo trasciende la capacidad de las palabras y el pensamiento para expresarlo. Esto es evidente incluso a nivel humano, como lo demuestran los miles de canciones que han intentado comunicar el gozo de estar enamorados. «Glorioso» se refiere al elemento divino en el gozo cristiano. Es un don sobrenatural otorgado e impulsado por el Espíritu Santo (Gálatas 5:22).
Disfrutar de la comunión con Cristo es uno de los mayores privilegios de la vida cristiana. Fortalece y enriquece esa comunión estudiando la Palabra y confiando en el Espíritu. Al hacerlo, aprenderás a amar y confiar en Cristo con mayor profundidad.
Sugerencias para la oración
Pídele a Dios que te enseñe a amarlo y confiar en él con mayor fidelidad. Dale gracias por la alegría que experimentas al hacerlo.
Para un estudio más profundo
Memoriza Mateo 22:37.
