El amor siempre espera lo mejor de los demás.
En Lucas 15, Jesús narra una parábola sobre un padre que tenía dos hijos. El hijo menor pidió su parte de la herencia familiar, se marchó de casa y la malgastó en placeres pecaminosos. Al darse cuenta de su error, decidió regresar a casa y pedir perdón a su padre. Entonces, «levantándose, fue a su padre. Pero cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, se compadeció de él, corrió, lo abrazó y lo besó. El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado tu hijo”. El padre les dijo a sus siervos: “Traigan pronto el mejor manto y pónganselo; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro engordado, mátenlo, y comamos y celebremos”» (vv. 20-23).
Esa es una hermosa ilustración de la disposición del amor a perdonar, pero también implica otra característica del amor. Aunque el hijo aún estaba lejos, el padre lo vio venir. ¿Cómo era posible? Porque lo esperaba, anhelando su regreso. El amor perdona cuando se cometen agravios contra él, pero también espera lo mejor de los demás. Eso es lo que significa creer en todo (1 Corintios 13:7). Aquel hijo había herido profundamente a su padre, pero este nunca perdió la esperanza de que regresara.
Conozco a una mujer cristiana que lleva treinta años casada con un marido no creyente. Sin embargo, sigue diciendo: «Algún día se convertirá a Cristo». No ignora la situación, pero el amor que siente por su marido ha transformado su sincero deseo en una expectativa. Cree que se convertirá a Cristo porque el amor siempre espera lo mejor.
Tal vez tengas un cónyuge o un hijo que no cree o se ha alejado del Señor. ¡No te desanimes! Espera lo mejor y deja que esa esperanza te motive a orar con más fervor y a ser un ejemplo de fe para tus seres queridos.
Sugerencias para la oración
Pídele a Dios que proteja tu corazón de actitudes cínicas y desconfiadas hacia los demás.
Para un estudio más profundo
Lee Mateo 9:1-13, prestando atención a las actitudes de los escribas y fariseos judíos hacia Jesús.
