El amor motivó a Dios a comunicarse con la humanidad caída. Esa debe ser también tu motivación.
La palabra profecía, tal como se usa en 1 Corintios 13:2, es la capacidad de proclamar públicamente la verdad de Dios con precisión y autoridad. Es un don mayor que el de lenguas, porque las lenguas se dieron como señal al Israel incrédulo en el primer siglo (1 Corintios 14:21-22), mientras que la profecía instruye y edifica a los creyentes a lo largo de los siglos. Pablo dijo: «El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación, y edifica a la iglesia» (1 Corintios 14:3-4).
La profecía tiene dos aspectos: revelación y reiteración. Cuando un profeta del Antiguo o del Nuevo Testamento recibía información nueva directamente de Dios, eso era revelación. Cuando esa información se repetía mediante la predicación o la enseñanza, era reiteración. Por ejemplo, los sermones de Pedro y Pablo combinan la nueva revelación con la reiteración de la verdad del Antiguo Testamento. Este es un elemento común en la predicación del Nuevo Testamento.
Con el cierre del canon del Nuevo Testamento, cesó la revelación directa de Dios. Toda predicación y enseñanza actual es una reiteración. Los profetas del Nuevo Testamento se vigilaban mutuamente para asegurar que cada profecía proviniera verdaderamente de Dios (1 Corintios 14:32). Hoy, la Escritura misma es el criterio con el que evaluamos el mensaje de alguien. Como dijo el profeta Isaías: «¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no tienen luz» (Isaías 8:20).
Pablo dice en 1 Corintios 13:2: «Si tengo la capacidad de hablar revelaciones directas de Dios, o de reiterar la verdad divina con fuerza y dramatismo, pero me falta amor, mi ministerio es inútil». En su sentido más amplio, este principio se aplica a todo creyente, porque todos somos proclamadores de la Palabra de Dios. Quizás no impartas una clase ni prediques un sermón, pero cada vez que hablas de Cristo o compartes un principio bíblico, estás reiterando la verdad divina. Por eso siempre debes hablar la verdad con amor (Efesios 4:15). Así, el Espíritu Santo podrá capacitar tus palabras para ministrar a otros.
Sugerencias para la oración
Pídele a Dios que te ayude a cuidar tus palabras para que todo lo que digas esté revestido de su amor.
Para un estudio más profundo
Lee Deuteronomio 13:1-5 y 18:20-22.
- ¿Qué pruebas utilizó Moisés para identificar a los falsos profetas?
- ¿Qué castigo recibieron los falsos profetas?
