Iglesia Gracia Cuernavaca
Alimento diario

Sábado, 22 de agosto de 2026

Regocijándonos en la justicia

1 Corintios 13:6 · 2 min de lectura

"[El amor] no se regocija en la injusticia" (1 Corintios 13:6).

El amor nunca justifica el pecado.

Para la mayoría de los cristianos, la idea de regocijarse en la injusticia resulta repulsiva, pues implica disfrutar del pecado deliberado y desenfrenado. Hemos visto los trágicos efectos del pecado en la humanidad y sabemos cómo ofende a Dios, así que ¿cómo podríamos regocijarnos en algo así? Sin embargo, regocijarse en la injusticia incluye cualquier intento de justificar el pecado en la propia vida o en la de los demás, por lo que puede ser algo muy sutil.

Hay muchas maneras de regocijarse en la injusticia. Una de ellas es intercambiar el bien por el mal. Eso es lo que el profeta Isaías condenó al decir: «¡Ay de los que llaman al mal bien, y al bien mal; que cambian la oscuridad por la luz, y la luz por la oscuridad!» (Isaías 5:20). En nuestra sociedad, por ejemplo, virtudes como la virginidad y la fidelidad en el matrimonio se tachan de anticuadas y mojigatas, mientras que la promiscuidad y el adulterio se presentan como contemporáneos y liberadores. Las presiones sociales pueden llevar a cristianos poco perspicaces o débiles a ceder ante normas morales confusas y sin principios.

Otra forma de regocijarse en la injusticia es no discernir a qué nos exponemos. Las filosofías humanistas y la flagrante inmoralidad de nuestra sociedad pueden embotar rápidamente nuestros sentidos morales y espirituales. Por lo tanto, debemos evaluar cuidadosamente lo que leemos, vemos y escuchamos. ¿Denigran a Dios y exaltan la violencia, el crimen, la inmoralidad, la calumnia y demás? Si es así, y nos resultan entretenidos, nos estamos regocijando en el pecado.

Algunos creyentes se regocijan por los pecados ajenos. Eso fue lo que hizo Jonás cuando se negó a predicar en Nínive por temor a que el pueblo se arrepintiera y Dios los perdonara. Prefería verlos persistir en el pecado antes que reconciliarse con Dios. Esa actitud no está tan alejada de la actualidad como nos gustaría creer. He conocido cristianos que deseaban tanto divorciarse que esperaban que sus cónyuges cometieran adulterio para sentirse justificados al solicitar el divorcio. ¡Qué perspectiva tan retorcida!

El verdadero amor no puede regocijarse en el pecado, sino que se gloría cuando triunfa la justicia. Si amas a Dios, lo que le agrada te agradará, y lo que le ofende te ofenderá. Que ese sea siempre tu criterio.

Sugerencias para la oración

Pídele a Dios la gracia de vivir una vida que le agrade.

Para un estudio más profundo

Lee Mateo 18:15-20, prestando mucha atención al procedimiento para confrontar a un cristiano que está pecando.

Ministerio Pastoral