La verdadera confesión implica una comprensión adecuada de Dios.
Hoy veremos un segundo elemento de la verdadera confesión en la oración de David en el Salmo 51: la verdadera confesión requiere no solo una visión correcta del pecado, sino también una visión correcta de Dios. David nos brinda una comprensión de cuatro verdades esenciales acerca de Dios.
Primero, Dios es santo. Afirmando la omnisciencia de Dios, David declaró: «Mira, tú deseas la verdad en lo íntimo del ser, y en lo secreto me harás conocer la sabiduría» (v. 6). David sabía que, debido a la santidad de Dios, Él nunca se conforma con un comportamiento meramente externo.
En segundo lugar, Dios es poderoso. David oró: «Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría» (vv. 7-8). David creía que Dios tenía el poder de transformarlo, a diferencia de algunos que piensan que sus hábitos pecaminosos son demasiado fuertes para que Él pueda vencerlos.
En tercer lugar, Dios castigará a los creyentes por sus pecados. David suplicó a Dios: «¡Que se alegren los huesos que has quebrado!» (v. 8). Hizo alusión a la manera en que los pastores a veces trataban con las ovejas descarriadas. Tomaban a estas ovejas problemáticas y les rompían una pata. Luego, le entablillaban la pata y cargaban a la oveja mientras sanaba. Después, la oveja permanecía cerca del pastor. Mediante esta elocuente metáfora, David describió el castigo de Dios por su pecado.
En cuarto lugar, Dios es un Dios misericordioso. «Esconde tu rostro de mis pecados», suplicó David, «y borra todas mis iniquidades… Líbrame de la culpa de derramar sangre, oh Dios, Dios de mi salvación» (vv. 9, 14). David obviamente creía que Dios perdonaría su pecado, de lo contrario jamás le habría pedido perdón. En Isaías 43:25, Dios mismo afirmó ser un Dios misericordioso: «Yo, yo mismo, soy el que borro tus transgresiones por amor de mí mismo; y no me acordaré más de tus pecados».
¿Refleja tu confesión una visión correcta de Dios?
Sugerencias para la oración
Alabemos a Dios por su santidad, poder y perdón.
Para más información
Lee las oraciones de los exiliados (Nehemías 9:5-38) y de Daniel (Daniel 9:4-19). ¿Qué te revelan esas oraciones sobre su visión de Dios?
