El amor se caracteriza por el autosacrificio, pero no todo autosacrificio es un acto de amor.
Si alguna vez has donado a tu iglesia u otra organización benéfica por obligación, presión social, legalismo, culpa, deseo de reconocimiento o simplemente para obtener una deducción fiscal, sabes lo que significa dar sin amor. En nuestra sociedad, es fácil caer en esa trampa, ya que las necesidades son enormes y las campañas de recaudación de fondos apelan a cualquier motivo imaginable. Además, muchas sectas y religiones falsas fomentan la renuncia a posesiones y otros gestos de sacrificio como supuestos medios para ganarse el favor de Dios. Pero a Dios le interesa más el porqué de tu donación que lo que das.
La ilustración hipotética de Pablo en 1 Corintios 13:3 es la de alguien que sacrificó todo lo que tenía para alimentar a los pobres. La palabra griega traducida como «alimentar» significa «repartir en pequeñas cantidades». Aparentemente, este hombre no se limitó a extender un cheque para un programa de distribución de alimentos; estaba personalmente involucrado en un programa sistemático a largo plazo que, con el tiempo, consumiría todos sus recursos.
Pablo no menciona motivos, solo que esta persona carecía de amor. Por consiguiente, los beneficios de su benevolencia se limitaron al ámbito físico. Cualquier beneficio espiritual se perdió.
Jesús, haciendo una observación similar, dijo: «Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para que los vean; de lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos» (Mateo 6:1). Si tu motivación para dar es obtener la aprobación de los hombres, sus elogios serán tu única recompensa. Si te motiva el amor a Dios, Él te recompensará abundantemente (vv. 2-4).
Cuando das al Señor, ¿cuál es tu motivación? ¿Quieres que los demás te tengan en alta estima? ¿Te sientes obligado? Son influencias sutiles, así que asegúrate de cuidar tus motivos con atención. Recuerda, el único motivo aceptable es el amor.
Sugerencias para la oración
Pide al Espíritu Santo que te mantenga sensible a las necesidades de los demás, capacitándote para dar siempre por amor genuino.
Para un estudio más profundo
Lee Lucas 18:9-14.
- ¿En qué se diferenciaba la oración del fariseo de la del recaudador de impuestos?
- ¿Cómo respondió Dios a cada oración?
